Cauquenes “un enclave estratégico para contener el avance Araucano”

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Siempre se ha pensado que Cauquenes, ciudad, comuna y provincia de la región del Maule, aquella que nos cobija, aquella que nos ciñe, fue fundada como un lugar de tranquilidad, un espacio de esparcimiento, y un espacio de contemplación.  Lo anterior se encuentra lejos de la realidad, alejado de su verdad fundacional.

En el momento que los españoles comenzaron asentarse durante fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, el conflicto con los pueblos aborígenes en el sur del Biobío fue permanente  un tanto reiterativo  pero “Malón”, en su aspecto concreto como conocemos hoy “una guerra de guerrilla”, con sangre y pasiones ávidas de poder. Es así como  la segunda empresa dirigida por Pedro de Valdivia vivió los avatares  de esta fuerza indómita y frecuente, por un lado la corona aceptó desde un comienzo dichas empresas con el afán de extender sus dominios, pero la cual no la financió y desconocían que este país sostenía una guerra secular contra los indios araucanos.  Privado en su naturaleza pero particular e independiente en su manera de actuar el español presionó y solicitó ayuda aplicando en una manera enaltecedora y respetuosa la regla que desde la época de Carlo Magno estaba vigente, “Auxilium et Consilium”, (asistencia y apoyo político-militar) para los vasallos del rey.

Así, durante la Dinastía de los Borbones y desde la contemplación escolástica obligó al Monarca Carlos III asistir y apoyar a sus vasallos del territorio insular, aun más esta medida fue efectiva luego del desastre de Curalaba, el cual marcó un antes y un después para la corona española la cual confirmó y fue capaz de identificar  la ineficacia del sistema bélico-privado. Si bien, la creación del ejército de la Frontera en los inicios del siglo XVII constituye una de las primeras acciones importantes de la Corona encaminadas a lograr mayor presencia en la Sociedad Chilena, fue entonces la creación de pueblos la acción más relevante llevada por la Corona durante aquella época. 

De esta manera en 1738, fue nombrado José Manso de Velasco sustituyendo al gobernador Manuel de Salamanca. El nuevo gobernador comenzó a realizar con ahínco, complacencia y mucho interés el plan que desde la corona le exigían.

Talca, Los Ángeles, San Fernando, Melipilla, Rancagua, Curicó y Copiapó  fueron los primeros pueblos organizados, junto con, en 1742, llamándose por aquel entonces, “Nuestra Señora de la Merced”. Cauquenes, villa ubicada en las faldas orientales de la cordillera de la costa casi colindante con el río o riachuelo del Tituben, se alzó repartido entre sus primeros pobladores como una extensión de terreno de cincuenta cuadras que en su comienzo albergó aproximadamente 1.123 habitantes, casi en su totalidad agricultores de los alrededores.

La fundación de Cauquenes facilitó el control de la administración pública por parte de la corona, e indujo a los aborígenes Araucanos de guerra a deponer las armas, detener su avance, abandonar los bosques y concentrarse en los demás pueblos constituidos. El proceso fue lento pero paulatino, otro principal objetivo fue regular y civilizar la vida de los aborígenes, que en esencia obligó al español insular a convivir con dichos pueblos, y a estos mismos adoptar costumbres y hábitos europeos, que se fortalecieron con el proceso de mestizaje. Lo anterior solventó y creó un sentimiento de pertenecía y una identidad entre los pobladores que trascendió hasta nuestra actualidad. 

En definitiva, cuando pensemos en la fundación de nuestra ciudad reflexionemos que Cauquenes no fue un lugar de tranquilidad y de esparcimiento, sino más bien un pueblo que se construyó para poner término a la guerra y un enclave estratégico para contener el avance Araucano, logrado por medio de arduas luchas y solapados parlamentos emanados desde la Corona.

Héctor Cruzat Núñez

Profesor: Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

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