El Gran Tablero Mundial: la supremacía de Estados Unidos y su colosal repunte económico- geoestratégico

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Una de mis intereses es la geoestrategia, gusto adquirido de niño sin saberlo cuando acompañaba a mi padre a sus campañas militares. Recuerdo una conversación que tuvo mi padre con sus colegas sobre tácticas y operaciones en cubierta, “una estrategia es someter al enemigo sin luchar”, por mucho tiempo esta frase me quedo en la memoria.

Desde que los aliados en 1943 planificaron la ofensiva para derrocar el régimen de Adolf Hitler lo hicieron pensando en no provocar cuantiosas bajas de efectivos militares y civiles. Si bien, el objetivo se cumplió, y aproximadamente ciento sesenta mil soldados cruzaron Inglaterra a Francia por el Canal de la Mancha hacia finales de agosto, esto permitió que tres millones de soldados aliados se posicionaron en importantes zonas estratégicas de Europa.  Desde entonces el tipo de guerra fue diferente,  y ya entrando en 1948 con la extensión de la nombrada Guerra Fría el tablero mundial de los países dominantes cambio.

Si antes de la primera y segunda guerra mundial Francia, Inglaterra y Alemania eran las llamadas potencias imperiales, después y hasta nuestra actualidad se posicionará Estados Unidos y la Unión Soviética, actualmente reconocidas por los historiadores como las nuevas superpotencias globales.  En el caso de Estados Unidos al igual que en la Unión Soviética su supremacía es el poder militar, sin embargo a diferencia de la contradictoria estrella roja, el martillo y la hoz, Estados Unidos posee una ideología abierta respetando ciertas concesiones u órdenes éticos, morales y religiosas extranjeras, siempre y cuanto estas respeten la propia legislación americana y al ciudadano. Además sus fronteras están abiertas, recibiendo todo tipo de influencias culturales, pero por dicha característica también extiende su poder cultural a otras partes del mundo aumentando así la interdependencia global.

Aquella interdependencia se aprecia por sus grandes inversiones que hacen las entidades privadas y el Estado en los países del tercer orden.  Otro rasgo peculiar, y que es evidente, es en el mandato de Donald Trump, el cual posee un poder efectivo proporcionado por una política pragmática bien diseñada, organizada y un excepcional liderazgo, que va de la mano con la capacidad de atraer y actuar. Y la atracción a menudo lleva a la conformidad o la imitación.

Lo anterior converge en que la supremacía de Estados Unidos radica en gran parte a la mundialización o transnacionalización de sus ideas o productos culturales que inspiran sueños y deseos gracias al dominio del cine y la televisión,  es una realidad apreciable en nuestra comunidad, cada vez vemos a jóvenes que modifican automóviles, de esto añadimos nuevas formas de vestir, de saludar hasta de hablar empeñándose a querer ser como sus superhéroes, otros han optado por seguir el sueño americano.  

La supremacía de Estados Unidos y su colosal repunte económico-geoestratégico radica en su forma de venta de su cultura, si bien el poder militar también es importante, el poder cultural es aún más atractivo y su vigencia como influencia “una estrategia que somete al enemigo sin luchar” presente en todo el mundo.

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