Emprendiendo desde las tradiciones criollas en Cauquenes

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Este año queremos destacar a todos las(os) emprendedoras(es) de Fondo Esperanza (FE), que se dedican con perseverancia y constancia a mantener vivo el patrimonio de nuestro país.

No importa el rubro del emprendimiento que se desarrolle, Fondo Esperanza (FE) siempre está para potenciar y prestar apoyo a quienes tienen un negocio y quieren surgir con él.

En el norte ofreciendo pastelitos en la carretera y haciendo artesanías, en el centro vendiendo ropa y haciendo volantines, más hacia el sur los ricos platos cocinados en leña se huelen desde la entrada de cada pueblo y los colores de los tejidos adornan las ferias de las plazas.

Así de diverso es el trabajo que esforzadas(os) emprendedoras(es) desarrollan dando un empuje, aportando a la economía y el desarrollo del país.

En Cauquenes, VII Región del Maule, vive Víctor Sepúlveda Parra, quien ofrece artículos de temporada, en especial, para las Fiestas Patrias. Trompos, carretes de hilo, ponchos, cinturones, polainas y espuelas asoman como sus principales productos que vende en el mercado de la ciudad.

El año 2012, Víctor cuenta que necesitaba recursos para invertir en el crecimiento de su pequeño negocio. De esta manera, llegó a la Oficina de Cauquenes de Fondo Esperanza (FE) para ser parte de un Banco Comunal (BC), pero luego de dos años finalmente se incorporó al BC “Por un futuro mejor”, donde mantiene una muy buena relación con sus compañeras(os). “Hay un lazo de amistad que perdura. Es como una familia”, señala.

Sepúlveda dice ser una persona responsable y carismática, cualidades que le han servido a la hora de darle una excelente atención a sus compradores, quienes cada período del año  van por un producto en particular. “Me ha ayudado mucho tener carisma. Para vender debes estar dispuesto a atender con la mejor cara y saber tratar al cliente. Esa es la clave”, expresa con orgullo.

Para este microempresario, su familia es un pilar fundamental para el éxito en lo que se ha propuesto. Casado hace 19 años, tiene tres hijos que permanentemente lo alientan a salir adelante: “Trabajamos todos por el negocio. Mi señora, mis hijos. El hecho de ser independiente te hacer ser mucho más unidos”.

El emprendedor cataloga su experiencia en la institución como “positiva”, principalmente por la conformación de lazos que se generan en el grupo al cual pertenece, pero por sobre todo por la coavalidad solidaria. “Fondo Esperanza es una oportunidad que no se puede dejar pasar. No todos la tienen y hay que aprovecharla”, finaliza.

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